Imposible hablar de las praderas y bosques norteamericanos sin mencionar otro representante de su peculiar fauna ... que casi se extinguió por la práctica del "tiro al blanco móvil". Nos encontramos con los bisontes, eso sí, siempre avisados con carteles que indican su proximidad y lo que puede suponer percutir un mastodonte de 1.000 kilos ¡tiene que ser aterrador! Este legendario animal norteamericano cruzó el estrecho de Bering en tiempos prehistóricos poblando el norte de América desde el interior de Canadá hasta México. En el siglo XIX llegaron a existir 60 millones ... hasta que llegó el "rostro pálido". Los colonizadores los mataban por su piel y por... diversión. Con la llegada del ferrocarril, que cruzaba las Grandes Praderas, como había tal cantidad de bisontes ofrecían a los pasajeros el entretenimiento de dispararles mientras realizaban los largos trayectos. Su número se redujo entre 1.830 y 1.889 ¡¡ a menos de 1.000 !! entrando en la triste y lamentable lista de animales en peligro de extinción. Hoy en día gracias a ranchos privados y áreas protegidas el número asciende a unos 30.000 bisontes.

Para los indios el bisonte era una de las principales fuentes de abastecimiento. Utilizaban su carne para alimentarse, su piel para cubrirse y sus huesos para fabricar utensilios. Como hacen los esquimales con los renos y alces o los beduinos con los dromedarios, aprovechan todo del animal, hasta los excrementos de dichos animales son útiles como combustible.

El bisonte vive en pequeños grupos formado por hembras y crías a las que se une el macho en época de celo. Época en la que el "galán" puede perder hasta 90 kilos de los 850 ó 1.100 que suele pesar. Les queda poco tiempo para comer entre sus enfrentamientos con sus rivales y conseguir aparearse. Los machos viejos son solitarios y se separan del grupo. Es en primavera y otoño cuando las manadas aumentan su número para buscar agua y praderas para alimentarse.