
La matrícula de los coches de Alaska refleja el mayor acontecimiento histórico que vivió este duro e inclemente territorio norteamericano durante el siglo XIX: la delirante "Fiebre del Oro". Poco después de 1.867 (año en que Estados Unidos compró Alaska a Rusia por 7.200.000 dólares y tildaran de "loco" al secretario de estado William H. Seward) ... se encontró oro. El loco no estaba tan loco y eso sin contar que casi un siglo después, en 1.957, se encontró petróleo. Aventureros de todos los rincones del mundo se atrevieron a desafiar a una naturaleza indómita e irascible a la que consiguieron arrebatar su seductor y enloquecedor tesoro: el oro. El dibujo de la matrícula refleja uno de los momentos más dramáticos de la llegada de los buscadores de oro, cuando tuvieron que superar descomunales montañas de nieve azotadas por gélidas ventiscas ... a pie. Ni transportes ni animales de carga podían superar aquel insalvable obstáculo que a pesar de todo miles de hombres se dispusieron a superar con trágicas marchas a pie. "El dorado" del Norte del continente americano les estaba esperando. Muchos lo consiguieron, otros muchos murieron congelados en su intento sin que nadie pudiera ayudarlos pues supondría la muerte segura para el que se parara a ayudarle. Conscientes de ello no se frenaron y siguieron intentándolo. Realmente la "fiebre" del oro que les invadía les hacia enfrentarse a retos inverosímiles