Salimos de Juneau del mismo modo que llegamos, a bordo de una cómoda nave de la Alaska Marine Highway. La compañía tiene viajes regulares recorriendo las Aleutianas (sólo en verano, claro) y puede unir en barco Seward (al sur de Anchorage) con Haines y Juneau y a su vez Juneau con la lejana Belingham (entre Vancouver y Seattle, en EE.UU). Incluso, en la época correcta, se divisa fauna ártica y hasta ballenas desde el propio barco. Desgraciadamente, aunque no hay turismo ahora ... los barcos están llenos de gente y vehículos que emigran al sur. Tan solo hay plaza para el trayecto Juneau - Prince Rupert, a media distancia de lo que queríamos (que era llegar a Bellingham). Aún así es un recorrido muy bueno, 36 horas navegando entre los canales más estrechos del archipiélago Alexander en el golfo de Alaska (y que tienen que surcarse imperativamente con la marea alta). Los bosques nos circundaban y pasábamos tan cerca de las aisladas casas que se podía saludar y ver las caras de sus moradores (pescadores o jubilados que se aíslan del mundo ... ¡y tan aislados!). El capitán nos invita a ver las precisas maniobras necesarias para ir sorteando las angosturas de este enjambre de fiordos y canales y disfrutar de la vista panorámica desde esta atalaya de excepción.

Puente del mando del Kennikott. Se puede ver a través de las ventanas la cercanía del denso bosque que crece en las orillas de las islas del archipiélago Alexander. El Kennicott fue bautizado en honor a un glaciar que se formó en la cara sur de las Montañas Wrangell. Y esta fría tierra de glaciales y montañas tiende a despoblarse cuando llega la época más fría. Por ello el barco en el que nos encontramos se encuentra principalmente ocupado por aquellos habitantes de Alaska que emigran hacia parajes más cálidos durante el invierno.

Vistas de las costas del archipiélago Alexander con las hermosas casas de aquellos que han decidido vivir apartados del mundo.