
Por la mañana estaba lloviendo y nos costó horrores desmontar el campamento puesto que con esa climatología no podíamos usar los guantes y las manos a los 30 segundos ya casi no permitían asir nada. Nos teníamos que meter en el coche, calentarlas frotando y otra vez al ataque. Cuando llegamos a Delta Junction el agua había derretido la nieve y el sol jugueteaba al escondite con los claros. Estamos en la transición de la glaciación anual y tan pronto maldices tu suerte por no ver a más de dos metros debido a una ventisca de nieve como de pronto hace un día radiante. Delta Junction es un pequeño cúmulo de casas en la estepa pero nos supone otra meta conseguida. Al llegar a este punto hemos recorrido en su totalidad la célebre carretera Alaska Highway que con tan solo 60 años de vida se ha convertido en una auténtica leyenda por estas tierras. Aquí termina la "leyenda", a partir de ahora entramos en la escasa red de comunicaciones de Alaska. En el monolito que indica el final de la Alaska Highway desplegamos nuestro cordón umbilical con el mundo, el que nos permite tomar grandes riesgos estando solos ... sin estarlo del todo. Orientamos la pequeña antena parabólica plana del teléfono Inmarsat Ibérica que tanto nos está sirviendo (la propia web existe gracias a él) y podemos comunicar la buena nueva: "¡Estamos en Alaska, lo hemos conseguido!".