Pero estos rostros pálidos no fueron los primeros en llegar. Durante las oleadas migratorias que se produjeron durante las últimas glaciaciones del pleistoceno pueblos mongoles procedentes de Asia entraron en Norteamérica a través del estrecho de Bering dispersándose por todo el continente. En el año 1.600, lo que hoy es Canadá, se encontraba habitado por más de 250.000 aborígenes. Precisamente los indígenas que poblaron y siguen poblando estas tierras (aunque realmente diezmados) constatan su presencia con los simbólicos tótem de carácter funerario. Éstos altos postes de madera se erigían cuando fallecía un miembro de alto rango de la comunidad para rendir homenaje a su vida. Trazan la historia de familias y clanes a modo de árbol familiar o blasón, soliendo tener forma de animal o espíritu. Entre las tribus tlingit, athabasca y haida, que son las que habitan en las zonas sureste y centro meridional del país, es normal el uso de estos tótems que representan las raíces más profundas de Canadá.

Detalle de tótem. Para los aborígenes los bosques que tan prolíficamente les rodean tienen un componente casi sobrenatural. Han adorado plantas y árboles como tótems debido a su belleza, en muchas ocasiones debido a su aspecto intimidante y otras simplemente por su utilidad. El cedro es uno de los más numerosos árboles que inundan estos imponentes bosques y con ellos han tallado sus tótems con los cuales se sienten identificados o asimilados, refiriéndose a ellos con nombres o símbolos especiales. De esta forma sus descendiente se pueden remontar hasta un pasado totémico originario que entonces se convierte en el símbolo del grupo.

Detalle de tótem. Los aborígenes han considerado siempre por igual a los árboles como santos en sí mismos o como lugares donde habitan los espíritus.