
Tras la parada en
Los Ángeles, el tránsito por Estados Unidos fue rápido y fugaz. Nuestro
objetivo prioritario es Canadá y Alaska porque el frío y las nieves avanzan
imparables y no debemos tentar a la suerte. Dos mil doscientos kilómetros en
dos días y ya estamos en un nuevo país: Canadá. Vancouver fue nuestra puerta
de entrada. Pero el primer español que arribó a estas tierras lo hizo hace más
de 200 años, el explorador José María Narváez en 1.791. Un año después el
explorador británico George Vancouver la visitó. La ciudad de Vancouver nació
como un asentamiento de colonos europeos bautizado como Gastown en 1.865 pero
cuando se incorporó al territorio canadiense fue rebautizada con su nombre
actual en honor al capitán y explorador George Vancouver.
Después de Toronto y Montreal, Vancouver es la tercera ciudad más importante
de Canadá. Debido a su situación en la costa oeste tiene importantes
interrelaciones con Asia. De ahí que exista una densa y numerosa comunidad asiática
como chinos y vietnamitas, entre otros, además de un activo y exótico Barrio
Chino. Es además una hermosa ciudad con su tranquilidad, calles repletas de
terrazas, jardines, playas, puerto, ...

Vancouver
es el corazón comercial de la zona, procesador de madera y el término
ferroviario más grande de la costa occidental, albergando en 1.986 la Exposición
Universal. Ciudad próspera muy moderna posee gran cantidad de rascacielos
insulsos pero de aspecto impecable. Entre los fríos rascacielos sobreviven los
primeros edificios altos como el de la foto. Arquitectura de mediados del siglo
XX, cuándo la altura no estaba reñida con el diseño.

La
atractiva Vancouver también posee muchos rincones románticos, donde edificios
antiguos, u otros modernos pero con el gusto de antaño, embellecen la ciudad y
consiguen que los paseos sean una delicia.