
Y
finalmente el símbolo de Panamá, lo que hace que no sea tan solo un país más
de Centroamérica sino el país que permite que dos gigantes acuíferos se
estrechen la mano a través de una de las mayores obras de ingeniería hidráulica
del mundo: el Canal de Panamá. Las propias matrículas de los vehículos
reflejan como fondo de las mismas tan magna obra.
El deseo de construir el ansiado canal se remonta a los años de las colonias.
En el año 1.534 el rey Carlos V de España ordenó los primeros estudios topográficos
para la construcción de un canal por una sección del istmo de 80 kilómetros
de ancho pero la tecnología de la época era absolutamente insuficiente para
acometer tamaña empresa. Fue el francés Ferdinand de Lesseps, ingeniero que
desarrolló exitosamente el Canal de Suez, el primero que se atrevió a
plantarle cara tres siglos después. Pero fracasó por las características
opuestas que tienen el desierto del Sinaí y la agresiva jungla centroamericana.
Años después otra compañía francesa volvió a intentarlo pero esta vez falló
el apoyo financiero. Finalmente, en 1.903 tras la segregación e independencia
de Panamá de Colombia, provocada por intereses de los Estados Unidos, se firmó
con los Estados Unidos un tratado -Hay Bunau Varilla- mediante el cual los
americanos emprenderían la construcción del canal comprando los derechos y
propiedades a la compañía francesa.