
La
naturaleza de Nicaragua no se queda a la zaga de sus vecinos pero gana a todos
ellos en material cultural. Entramos en León, única villa sobreviviente a
terremotos, erupciones, fuegos y la destrucción de la guerra. Se trata de la
segunda ciudad más importante de Nicaragua pero ... ¡es un auténtico pueblo!
... arquitectónicamente hablando. Casi todas las casas son de una planta, con
ese aspecto de pueblo castellano o extremeño. Ninguna construcción se
identifica con las características propias de una ciudad. Cada calle, cada
vivienda, cada detalle son de pueblo. Deambular en este entorno es una delicia
(con la debida precaución de no quedarse solo ni moverse de noche, claro) y los
nicaragüenses son amantes de charlar con los extranjeros, nos encontramos a
gusto.
Y como champiñones sobre el césped tras un día de lluvia ... iglesias, muchas
iglesias, decenas de hermosas construcciones religiosas que embellecen la ciudad
y llenan de orgullo a sus moradores (en la foto la iglesia de la Resurrección).
En esta falsa "ciudad" el inolvidable poeta Rubén Darío exhaló su
último hálito, entre todas esas iglesias que turbaban aún más su crisis
religiosa en los últimos años de su vida. Entre las iglesias que plagan la
bella ciudad se encuentra una de las catedrales más grandes del mundo
latinoamericano: la basílica de la Asunción. Concluida en 1.846, tardó 100 años
en construirse. En ella descansan los restos de este poeta universal. (Más
fotos en link)

Una calle de León, como esta ... todas ellas. En ningún lugar se ve el pomposo título de "segunda ciudad más importante de Nicaragua".