
Llegamos
a Nicaragua, país azotado por guerras, inestabilidad política y por la propia
naturaleza. Intenta recobrar su estabilidad pero la pobreza y su agitado pasado
dificultan su avance y la inseguridad es patente en casi todos los lugares de su
geografía. Las lluvias nos siguen acompañando pero tras la tempestad viene la
calma y en los momentos en los que el cielo se despeja tenemos el privilegio de
ver los primeros volcanes de Centroamérica tras más de una semana desde que
"desempaquetamos" nuestro imparable Montero en Colón. Toda Centroamérica
está repleta de volcanes, muchos de ellos en activo ... son las bocas del
infierno.
Emergiendo de entre las aguas del lago Nicaragua dos insignes moradores, el volcán
Maderas (1.394 metros) y el volcán Concepción (1.610 metros, en la foto),
rompen el horizonte y desafían estoicamente las tormentas y los vientos que nos
azotan sin piedad mientras recorremos su territorio.

Dos días de extraordinaria climatología nos desquitan de las lluvias anteriores y nos permiten disfrutar del espectáculo de las bocas del infierno ... que aunque no hablen ... sí que fuman, cómo el humeante volcán Telica que camufla su fumarola con el aspecto de nubes. Tres placas continentales confluyen en el territorio nicaragüense, argumento más que sobrado para explicar los terremotos y las erupciones volcánicas con los que es flagelado el país constantemente. Da la impresión que la naturaleza ha contagiado al espíritu nicaragüense el gusto por las convulsiones al echar la vista hacia atrás y conocer su agitado pasado político. Pero una relativa calma se extiende por todo el país a nuestro paso.