Ingresamos en territorio maya al adentrarnos en Honduras. Las ruinas de Copán son el mejor tesoro que guardan los hondureños de su historia precolombina. Muy próximos a la frontera con Guatemala, forma parte de lo que se ha venido en llamar Mesoamérica, área cultural que engloba los territorios que van desde México hasta Costa Rica donde se desarrollaron una serie de civilizaciones con rasgos y tradiciones culturales similares. Lograron sobresalientes avances intelectuales entre los que se encuentran un importante desarrollo de escrituras jeroglíficas (todavía indescifrable), elaboraron un sistema de calendario muy complejo y realizaron avanzados estudios astronómicos. Precisamente Copán fue uno de los centros mayas que más contribuyó al desarrollo de la astronomía y donde se celebraron varios congresos de dicha ciencia astral. Las estelas esculpidas de la Plaza Central de Copán son uno de los más finos y delicados trabajos del arte escultórico maya. La estela junto a la cual nos encontramos es un portarretrato del rey 18 -Conejo- que describe el linaje al que pertenecía el gobernante así como datos sobre el nacimiento, matrimonio y muerte.

En la maqueta de las ruinas mayas de Copán se aprecia su estructura principal pero a su alrededor se siguen realizando excavaciones sobre muchos lugares que aún están cubiertos por las espesa jungla que, insaciable, lo devora todo. Diego García de Palacio informó por primera vez en 1.576 al rey español Felipe II sobre la existencia de las ruinas de Copán describiéndole los espléndidos edificios y esculturas que descubrió a su paso. Pero fue el coronel Juan Galindo en 1.834 el que elaboró el primer plano del complejo entusiasmando a más no poder a John L. Stephens a viajar por Centroamérica. El resultado de sus labores antropológicas se vieron reflejados en su libro "Incidentes de Viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán" publicado en 1.841 con un rotundo éxito e ilustrado magistralmente por los dibujos de su compañero de viaje el arquitecto y artista Frederick  Catherwood.

La vegetación es la reina de Copán, proporciona misterio, ensoñación ... y sombra bajo un sol tropical inclemente. Ante nosotros, la Plaza Principal con su templo central escoltado de las preciadas estelas y altares.

Detalle escultórico del templo que corona la Plaza de los Jaguares.