
Alcanzamos el último de los países Centroamericanos, un gran desconocido: Belice. Aunque fue un colonia española que pertenecía al virreinato de Nueva España en el siglo XVI apenas se le prestó atención y pronto, en 1.638, los madereros ingleses de Jamaica establecieron una colonia en el río Belice, convirtiéndola en 1.862 en Colonia Británica. Aunque consiguieron cierta autonomía de la Corona Británica en 1.884 no obtuvieron su total independencia hasta 1.981. Esta tardía independencia se justificó por el acecho de Guatemala, que siempre reivindicó la soberanía del territorio beliceño. Bajo ese precepto, las tropas inglesas justificaron su continua presencia. Finalmente conseguida la total independencia, el país guatemalteco no reconoció al nuevo Estado pues consideraba esas tierras como suyas. Ciudad de Belice está muy por encima en tamaño, importancia y belleza (e inseguridad) que la propia capital: Belmopan. Su capital se trasladó de Ciudad de Belice a Belmopan debido a la devastación que sufrió la Ciudad de Belice tras el paso del huracán Hattie en 1.970. Protegida de los huracanes en el interior apenas tiene 7.000 habitantes en una urbe administrativa, aséptica, nacida de la nada y de moderno diseño. La Casa del Gobernador (en la foto) construida a principios del siglo XIX en Ciudad de Belice todavía conserva su atmósfera colonial, al igual que muchas de las bonitas calles de lo que podría considerarse la única verdadera ciudad de Belice.