No existiendo ferries ni barcos Roro, como en otras ocasiones, procedemos por tercera vez durante la Ruta de los Imperios a ... "enlatar" nuestro Mitsubishi Montero para trasladarle a un lugar donde no es posible llegar por tierra. La jungla del Darién, entre Panamá y Colombia, ha conseguido generar el mismo resultado que si Sudamérica fuese una isla, bueno, peor aún porque la jungla arremete con lo que no ataca el mar: auténticos muros físicos (de vegetación y árboles), millones de insectos dañinos (algunos mortales transmisores de malaria y dengue), dos de las serpientes más venenosas del mundo, sanguijuelas para dar y regalar, cruce de ríos, hundimientos en marismas, ... Hasta que el hombre no abra una pista, esa jungla es una puerta a doble cerrojo entre Sudamérica y Centroamérica. Y el problema es doble, primero hacerla y luego mantenerla porque en unos meses sin vigilancia ... la jungla haría desaparecer de nuevo en sus verdes entrañas ese arañazo de los hombres. Si llega a existir esa pista hasta nos hubiésemos arriesgado a cruzar Colombia pero ante su inexistencia ... nos vemos en la complicada obligación de volver a convertir a nuestro Montero en lobo de mar. A este paso también va a ser el todo terreno más marinero ... van a ser los cinco continentes por tierra ... y los siete mares en barco.