Llegamos a la cautivante plaza de San Francisco, otra de las perlas de Quito con los cerros prácticamente encima y repleta de solariegas casas balconadas muy bien recuperadas. Siempre con una febril marea de paseantes, los puestos ambulantes de cirios en las plazas de las iglesias son el presente que los peregrinos no paran de encender dentro de las iglesias. Tintineantes fulgores que intentan llamar la atención de Dios para estar en su gracia, como presente de un favor concedido o en petición de un íntimo deseo.

 

Calle del casco antiguo con sus casonas pintadas de vivos colores cerca del río Machangará.