Pero la magia de Copacabana se halla en el encuentro con el lago Titicaca, escenario de la mitológica leyenda que explica la existencia de los Incas. De las profundidades de sus aguas emergió el mítico soberano Manco Cápac y su hermana Mama Ocllo, hijos del gran dios Viracocha, máxima deidad inca y creador de todas las cosas. Sobre la Isla del Sol dieron sus primeros pasos los hijos del sol. Desde el sacro lugar Manco Cápac se dirigió junto a su hermana a Cuzco donde fundó la capital de un imperio. El lago se ve surcado por barcas de velas triangulares y la planta "totora" crece por doquier (en primer plano). Este tipo de junco era utilizado prácticamente para todo por la población autóctona: construcción de canoas, viviendas así como para la  elaboración de utensilios y alimentar al ganado.

 

Gran embarcación de totora que aunque ahora tan solo se construyen para que los turistas dejen su dinero, da una idea exacta de lo que fueron esas naves.

 

Es habitual encontrar altares donde se celebran a menudo curiosos rituales que siguen practicando los habitantes del lago. Un sincretismo entre las viejas tradiciones incaicas y los preceptos cristianos. Las ofrendas al lago sagrado presididas por cruces cristianas son ceremonias que se repiten a diario desde hace siglos para ofrecer felicidad, protección contra las desgracias y contentar a unas aguas que cuando se enfurecen, ayudadas por la acción de los vientos, pueden ocasionar desgracias de dimensiones desproporcionadas.