Por fin conseguimos alcanzar los escasos retazos del pasado colonial diseminados por la ciudad, la escondida, estrechita y empinada Calle Jaén es una preciosa muestra de ello ... pero El Alto sigue estando presente (al fondo de la foto) incluso en esta callejuela perdida.  Cuando el tráfico está cortado en alguna calle parece que hemos encontrado un refugio a tanto caos y despropósito.

 

En la Plaza de San Francisco nos paramos por la iglesia que le da nombre a la plaza donde se encuentra ubicada y que es una de las expresiones más bellas y espectaculares de la arquitectura colonial religiosa. Su fachada de estilo barroco mestizo con ese detalle en filigrana de piedra sin igual nos mereció el tiempo que le dedicamos a contemplarla. En la plaza las cholitas paceñas engalanadas con sus sombreros tipo bombín, sus faldas ahuecadas y agarrando fuertemente las mantas al estilo de un chal en las que se envuelven, nos lanzan sus arrogantes miradas capaces de fulminar lo que se atreva a cruzar por delante. Su típica vestimenta ha sido heredada por la influencia de las mujeres españolas de Toledo durante el siglo XVII y la manta en la que se envuelven de las mujeres de Salamanca.