Es hora de dejar tras nosotros la Chiquitanía, la antesala de la jungla amazónica boliviana, sus aldeas de paja y madera y los románticos pueblos coloniales que albergan tesoros arquitectónicos prácticamente desconocidos, merecidamente reconocidos como Patrimonio de la Humanidad. En nuestra memoria perdurará para siempre la tranquilidad de esas poblaciones que muestran con orgullo sus misiones (la de Concepción en la foto) y miman sus casas para que siempre luzcan su inconfundible talante del pasado.

 

Detalle de los frescos exteriores de la fachada principal de la iglesia de la misión de Concepción.

 

El hermoso claustro y el campanario de la misión de Concepción.