Los pueblos que fundaban contaban siempre con una atractiva misión e iglesia para incentivar la presencia de fieles pero jamás olvidaron un colegio (la educación era fundamental para los jesuitas), hospitales, talleres de diferentes oficios artesanales, cementerios y casa para viudas. Para asegurarse la comida siempre estaban rodeados de tierras dedicadas al cultivo intensivo, especialmente de hierba mate libre de impuestos con la que comercializaban. La economía se organizaba a partir del trabajo y la participación comunitaria de los bienes y gozaban de un alto nivel de autonomía e independencia, su lejanía e inaccesibilidad contribuyó a ello. En la foto la plaza de Armas de Concepción, donde al igual que en todas las demás plazas de los diferentes pueblos, luce este árbol con forma de botella: el toboroche (chorisia speciesa), un árbol tropical que posee esta curiosa forma abombada para acumular agua cuando hay sequía. Sus preciosas flores rosadas o blancas tapizan el suelo sobre el que elevan sus voluminosos troncos y numerosas y largas ramas.