
Era
una simple etapa para pasar una noche (no es aconsejable en Bolivia la acampada
libre cerca de áreas pobladas) pero el paseo nocturno del primer día nos
cautivó y transformamos a Samaipata en etapa de parada y trabajo. Esos lugares
que siempre deseamos encontrar para estar a gusto y trabajar en armonía con
nosotros mismos y con el entorno. También la temperatura es perfecta, los 1.600
metros de altitud no permite que suba el bochorno de la jungla (que está ya
realmente cerca), el frío del altiplano está muy lejos y los alojamientos van
en consonancia con el resto del pueblo, muchos de ellos tienen primorosos patios
interiores porticados y repletos de plantas. Elegimos el hostal San Jorge, económico,
con garaje bien seguro, habitaciones sencillas pero impecables, un patio ... en
el que daban ganas quedarse el resto de nuestros vidas y tres cachorritos de la
perrita de la dueña nacidos dos semanas atrás que con su torpe caminar y sus
juegos hacen la felicidad de Marián.
El ordenador que nos queda pasa de mano a mano por riguroso turno y no se apaga
más que para comer y para el relajante paseo nocturno antes de la cena y que
marca el final de la jornada laboral. Durante todos esos días se vuelcan fotos
digitales, se numeran y ordenan cientos de ellas, se salvaguardan en CD,s,
confeccionamos fichas de las imágenes, se seleccionan las mejores, actualizamos
el correo retrasado, se pone al día el diario escrito, se prepara la siguiente
etapa, visitamos en sucesivas ocasiones el director del Centro de
Investigaciones Arqueológicas de Samaipata y se redacta la crónica. Muchísimo
trabajo pero nos sentimos maravillosamente en este lugar, el mundo se ha
detenido en un bello instante. Nos costará arrancar de nuevo, lo sabemos.
Pero nos ayudará el hecho de saber que en los claros de la jungla hay un
recorrido insólito y poco conocido: la ruta de la misiones jesuíticas. Hemos
leído maravillas de los pueblo perdidos y de las hermosas misiones que albergan
pero casi nadie va porque están "fuera de ruta", tan solo se puede
acceder por cientos de kilómetros de pistas y apenas hay infraestructura para
visitantes. En unos días entraremos en la Chiquitanía ... y el la jungla.