Llegamos a Sucre junto con los últimos rayos de sol que consiguen perforar un cielo negro de tormenta. Se percibe más urbana que la encantadora ciudad de Potosí. Ha recibido muchos nombres desde que fue fundada por el español Pedro de Anzúres en 1.538 como la ciudad de La Plata, pero el que mejor expresa su espíritu y flamante aspecto es el de "La Ciudad Blanca". No hace falta callejear mucho por la ciudad para comprender el sobrenombre que recibe. Sus calles e iglesias siempre encaladas de un blanco reluciente sobre las que destacan las rejas de los grandes ventanales o las fachadas de piedra sobre los templos religiosos. Pero la ciudad estaba todavía muy lejos de conocer su nuevo nombre cuando tras la Independencia en 1.825 sería bautizada con el nuevo nombre de Sucre, el libertador que se convirtió en el primer presidente de la recién nacida república independiente de Bolivia (Antonio José de Sucre). Los radiantes muros blancos de la Iglesia de San Francisco (en la foto) presumen de alojar la campana que se hizo sonar en la ciudad para incitar a la gente a salir a las calles como un solo hombre y luchar por la Independencia.

 

Paseando por las calles de la ciudad colonial.