
El
verdadero peligro de moverse en la Soledad Blanca no es el interior, son las
orillas de las islas y principalmente la entrada y salida desde tierra firme. No
se puede entrar y salir por donde uno quiere ... hay que encontrar los escasos
lugares perimetrales con suficiente rigidez para aguantar el peso del vehículo.
En el perímetro es donde se acumula el agua, no hay que confiarse con esta
superficie aparentemente dura y lisa, "los ojos de sal" pueden pestañear
y podemos quedar atrapados en sus trampas acuíferas. Bajo la sal hay corrientes
de agua que pueden quebrarse y ponernos en una situación muy peliaguda al ser
absorbidos por la engañosa costra. Si se nota el hundimiento de las ruedas ...
hay que acelerar rápidamente intentando derrapar lo menos posible ... y rezar
para que la tracción aguante hasta que agarre en superficie dura. Si nos
quedamos atrapados ... puede ser una pesadilla en tiempo y esfuerzo liberarnos
del mordisco del suelo. Afortunadamente, las dos veces que la superficie se
quebró ... conseguimos llegar al firme.