En tan solo 12 horas hemos dejado el nivel del mar para alcanzar los 4.500 metros, algo nada recomendable porque se aconseja por lo menos un alto entre los 2.500 y 3.000 metros para que el cuerpo se aclimate. Nuestra impaciencia nos hace saltarnos esta norma, entre otras cosas porque ya hemos estado subiendo tantas veces los 4.500 metros de altitud que creemos que el cuerpo debe de estar reconociendo las distintas presiones y el bajo grado de oxígeno ... y no nos tortura. La verdad es que si en Ladakh nos afectó (crónica 46), en el altiplano andino nos ha ido muy bien, tan solo el inevitable cansancio al hacer un esfuerzo y los sueños agitados por la noche. Ni dolor de cabeza, ni vómitos, ni desarreglos fisiológicos, ... Esto nos permite disfrutar plenamente del maravilloso entorno que nos rodea.