La naturaleza es agresiva a estas alturas pero aun así nos encontramos algunos pequeños pueblos, recogidos y diseñados con gruesos muros para aguantar el invierno. Respiran paz y tranquilidad, están al margen de la civilización, rodeados de llamas y alpacas, bofedales (marismas como la de la foto) y lagos. Visitamos Parinacota, estamos a 4.500 metros de altitud y el cercano ocaso se nota en el frío corrosivo que se empieza a desperezar tras un día de espléndido sol. Apenas 15 habitantes habitan en continuidad  este altivo pero modesto emplazamiento.