Desde Chiu Chiu seguimos el curso del río Loa a través de una serpiente de vegetación semienterrada en un estrecho cañón. Es un nuevo oasis de ensueño, el que más nos impresionó del recorrido. Nos vemos trasladados mentalmente a los oasis en los cañones de Argelia, Marruecos, Pakistán, Ladakh o Yemen. Sentimos ese cosquilleo interno tan agradable de cuando uno encuentra "su sitio". También la altura se va haciendo más humana y estamos "tan solo" a 2.590 metros. La llegada al pukará (pueblo-fortaleza) de Lasana es espectacular. Levantado en el siglo XII, los incas resguardaban a su población en este protegido recinto mientras sus jefes administraban sus posesiones. Su relevancia histórica es incuestionable y sus restos arqueológicos remarcables pero su enclave ... su enclave nos impulsó a recrearnos en él y nos sentamos en unas rocas para disfrutarlo en toda su plenitud. La ciudadela se halla asentada en una grieta escondida de vida dominada por dos poderosos reyes de coronas blancas: los volcanes San Pedro y San Pablo, que con sus más de 6.000 metros de altura empequeñecen todo lo que se encuentra a sus pies.