Atrás hemos dejado las termas de Puritama con sus tibias aguas y un camino de roca y lava que nos ha acompañado por la Cuesta del Diablo. Partiendo del río Grande, la loma Sánchez nos ha encumbrado por primera vez en el día a 4.500 metros de altitud. Comenzamos a buscar la ropa de abrigo en el equipaje. Los panoramas que se suceden en esta nueva ascensión a las nubes son inverosímiles. Tan pronto son paisajes de alta montaña como sorteamos campos de dunas (al fondo de la foto) o nos encontramos con nuevos tapizados blancos de sal o lagunas y albuferas con gran riqueza de inquilinos plumíferos. Y todo ello en menos de 10 kilómetros.