Pero si durante la noche el espíritu del Lonquimay nos torturó, bajo los rayos del sol nos subimos a su "chepa".  Ascendemos por su falda hasta donde nos es posible para sentir esta fiera bien cerca y dominar desde sus ojos toda la cordillera de fuego. Allí están todos, ese rosario de volcanes como el Tolguaca, el Llaima (a la derecha de la foto), el Callaqui, el Copahue, ... y pronto las cenizas sobre las que rodamos nos llevaran hasta las mismísimas nieves que encanecen el cráter del senil volcán.