La placidez de la acampada bajo las araucarias del Parque Nacional Conguillío no se repitió en el campamento montado a los pies del desolado volcán Lonquimay. Fue una noche muy fría (estábamos a 2.500 metros de altitud) y el viento nos zarandeó violentamente toda la noche. Por la mañana, un día radiante y tranquilo nos quiere hacer creer que "no pasó nada" pero nuestro Mitsubishi Montero cubierto de ceniza guardó fiel testimonio de lo vivido durante la agitada noche.