Tras avanzar a campo descubierto por las cenizas y las escorias volcánicas nos internamos por sucesivos bosques de coigües, robles, cipreses y sobre todo de araucarias, un árbol genuinamente andino. Algunas pueden tener la friolera edad de 1.200 años de antigüedad. Bajo su milenaria sombra montamos el campamento y nos tomamos un respiro del ripio de sus caminos. ¿Y el despertador ...? Un madrugador pájaro carpintero con su llamativa cabeza de intenso color rojo nos despierta intentando agujerear el tronco de una de las viejas araucarias que nos cobijaron durante la noche.