
Terminado el trabajo en Puerto Montt, la ruta se reactiva. Durante toda nuestra estancia en Puerto Montt las acampadas fueron duras puesto que todos los días estuvo diluviando. Nos acostábamos con lluvia, nos levantábamos con lluvia y así seguía todo el día. Ya estamos en el otoño austral y es lo normal en estas latitudes. El regalo vino el día que reemprendimos la ruta hacia el norte: ¡el cielo se abrió de repente y el manto azul que tanto amamos se adueñó del firmamento durante casi toda nuestra ascensión! Eso permitió que disfrutásemos de toda la ruta en su máximo esplendor. La primera etapa es el fascinante lago Llanquihue ... dominado por el imponente volcán Osorno. Al pie de la cordillera andina los lagos, como el gran lago Llanquihue (en la foto), aparecen diseminados como los enormes pies de agua de unos colosos que cuando se enfurecen arrojan fuego por sus fauces. Cada lago encierra la razón de ser de las gentes que pueblan sus riberas ... bajo los ojos vigilantes de los titanes volcánicos de capa blanca con incandescentes entrañas.