
Todo el mundo se apunta a los desembarques, nadie puede resistir la tentación de palpar con sus manos los icebergs que flotan por doquier y ver desde cerca esos muros de Jericó helados. No están los siete sacerdotes de Josué soplando las siete trompetas ... pero estos muros inexpugnables caen ante nuestros ojos por sectores. No hay cananeos aterrorizados cuando la muralla se derrumba sino nuevos contrafuertes de hielo, mas azules que su difunta avanzadilla, más puros que la empalizada precedente. El glaciar San Rafel es uno de los más activos del mundo, siempre en perpetuo movimiento.

Navegando entre icebergs.