
Para ir de una casa a otra ni siquiera se puede circular en bicicleta, barca o caballo. Se trata de una aldea levantada sobre palafitos que trepan por las laderas de los cerros que la configuran. El río, las montañas y el bosque la impregnan de su seña de identidad, le da el sentido a su existencia. Toda ella está unida por pasarelas de madera y escaleras. Para desplazarse tan solo queda el "coche de San Fernando": un ratito a pie y otro andando.