
Recorremos los diferentes embarcaderos, la segunda bahía del pueblo, entramos en palafitos sobre el agua y sobre la tierra, caminamos sobre el mar mediante sus pasillos sobre pilotes, trepamos a las dos iglesias, nos tomamos un té colgados en una terraza sobre una ladera y visitamos la municipalidad. Ascendemos y descendemos sin cesar. Y andamos, andamos, andamos y andamos sobre maderas hasta quedar exhaustos.