¡Y cabe! Al final queda justito el hueco para nuestra "camioneta", casi no se pueden abrir las puertas pero lo importante es que entra. La barcaza desamarra y partimos hacia Caleta Tortel con nuestra casa-despacho-rodante. Todo perfecto. Excepto por el olor tan tremendo a combustible que inundaba la cubierta. Cuatro horas de navegación por el estero Michell entre montañas y llegamos al embarcadero de Caleta Tortel.