
Lagunas grandes, lagunas chicas, mil matices de aguas. Bosques densos y praderas despobladas, mil colores de vegetación. Por todos ellos habitan los inquietos guanacos, un camélido que forma parte de la familia americana que completan las alpacas, llamas y vicuñas. Estuvieron en peligro de extinción pero un denodado esfuerzo ha conseguido recuperar su población y hoy en día podemos verles corretear ágilmente por los cerros, revolcándose en la arena o pastando lánguidamente junto a los lagos. Ahora están con sus tiernos chulangos, las crías que nacieron el pasado mes de diciembre.

Rebaño de guanacos con sus chulengos.

Sobre los lagos, decenas de especies de aves entre las que destacan los flamencos, cisnes de cuello negro o caiquenes (ganso de Magallanes), los más numerosos. Tratan de mantenerse lejos de los zorrillos que abundan por el parque y que les tienen incluido en su menú ... cuando se dejan coger.

Las cuadrillas de ñandués –avestruz americana más parecida al emu australiano- son también fáciles de ver pero no de cerca, son muy huidizos ante la presencia humana.