
Cuando desembarcamos es como volver a despertar de un profundo e intenso sueño. Nos encontramos dentro del Parque Nacional Torres del Paine, contemplando con una claridad absoluta el férreo granito que esculpe las regias torres de este excepcional parque chileno. "Las extraordinarias bellezas naturales que Dios ha prodigado en el extremo sur de Chile, en la salvaje majestad de los montes, glaciares, lagos, fiordos, canales y en el misterioso encanto de las selvas, no pueden dejar de atraer a numerosos amantes de lo bello, que gozarán de visiones encantadoras e inolvidable". Estas son las palabras con las que el padre Alberto M. De Agostini en el prólogo de su libro "Magallanes y Canales Fueguinos" reflejan todo lo que podemos encontrar por los parajes donde ahora nos hallamos.

Lagunas en el Parque Nacional Torres del Paine.

Las caminatas para adentrarse por los rincones más recónditos del parque son abundantes y muchas de ellas duras. Apenas llueve, apenas nieva a lo largo del año pero sus vientos, sus fuertes vientos, pueden llegar a embestir a 120 kilómetros por hora. De sus terribles acometidas fuimos testigos y víctimas.

Los veteranos del parque recuerdan a nuestro amigo Pablo de cuando fue guardaparque en Torres del Paine y reciben con cariño sus recuerdos. Fue uno de sus antiguos compañeros, Juan Toro, el que nos entusiasma con muchas historias del parque, fruto de su experiencia y media vida residiendo en él. Ahora destinado en la guardería de laguna Azul se reconoce apartado del mundo pero feliz de vivir con su familia en este privilegiado lugar de paz y cautivador entorno.