De nuevo en tierra firme, vamos adentrándonos en las pistas de ripio que parten de Puerto Natales, así encontramos Estancia Consuelo ... que me recordaba sobremanera a Islandia- con sus caballos pastando, casitas de chapa blanca con tejados carmesí y barcos en el pequeño embarcadero de las aguas tranquilas de su fiordo. Fue la primera estancia de Última Esperanza, región cuyo nombre impone respeto por lo que debió significar sobrevivir en estas tierras. Los nombres con los que bautizaron los numerosos canales, bahías, islas o golfos de este atormentado maremagnum de tierra y agua hablan por sí solos: golfo de Penas, caleta Sepulcro, golfo Tres Cruces, bahía Salvación, angostura Abismo, paso del Hambre, seno Última Esperanza .

 

Estancia Consuelo, la primera estancia de Última Esperanza y aún sigue siendo propiedad de la valiente familia que decidió desafiar el destino estableciéndose en estas agrestes tierras, la familia Eberhard.

 

Llegamos a Puerto Pratt, emplazado en el extremo del fiordo Eberhard. Este minúsculo enclave con varios embarcaderos fue, en 1.897, el primer poblado de este sector. Fue un floreciente puerto hasta que el telégrafo se estableció en Punta Arenas y le arrebató el título de principal puerto de Ultima Esperanza. Hacia esta próspera ciudad costera dirigimos el rumbo de nuestra brújula.

 

¡Cuidado Marián, tienes un bicho a tu espalda! ¡Aaaaaaahh! Antes que los patagones, como Magallanes llamó a los nativos que habitaban estas tierras por las enormes huellas que encontró sobre la tierra, antes que los cisnes de cuello negro se columpiaran en las olas ... otros seres vivos eran los dueños de estas tierras y acechaba por estos lares con su corpulenta talla. Allí residía el legendario Milodón, especie de gigantesco oso prehistórico cuyos restos fueron hallados en 1.896 por el capitán Eberhard. Una descomunal cueva de 30 metros del altura y 200 metros de profundidad alojaban el pelo, huesos, piel y excrementos de este extinguido animal. La cueva es hermosa, abierta como si un hachazo sobrenatural hubiese hendido horizontalmente la montaña y el tiempo la hubiese adornado con guirnaldas de estalactitas y estalagmitas. A su entrada, la reproducción del Milodón a escala sobrecoge al imaginar lo que sería encontrarse con ese ser repentinamente. (En la foto, reconstrucción dramatizada del encuentro con un Milodón).