El crepúsculo regala sus últimos destellos a la isla Magdalena, tornándola naranja mientras el océano se oscurece desde nuestro campamento. El espectáculo de luces y sombras parece terminado cuando la penumbra devora el horizonte pero el sol, en un alarde de omnipotencia, nos hace un repentino gran regalo. Debe de estar lloviendo entre nosotros y la isla Magdalena porque súbitamente, sobre una cortina malva estalla una perfecta y reluciente diadema de colores. Un arco iris brota del cielo y se convierte en una ultraterrenal guirnalda navideña sobre el cosmos. Gloriosa bienvenida a esta velada de Nochebuena en los confines del mundo..