Un vendaval casi nos impide el último desembarco pero cuando amainó un poco el viento se botaron finalmente las lanchas. Ataviados una vez mas de atuneros del Cantábrico logramos finalmente llegar a la isla Magdalena, una escala deliciosa. Es la mayor colonia de pingüinos de la zona, pueden llegar a reunirse alrededor de 60.000 parejas de pingüinos, nos rodean por miles y no nos temen. Toda la isla está horadada por las cavidades que escarban los machos y ocupan las hembras para poner sus huevos. Muchos están ocupados por hembras empollando y en otros se asoman los tiernos pichones, con sus madres siempre en alerta para protegerles de las skúas salteadoras. Momentos emocionantes y mágicos.

 

Madre con su cría, que se asoma tímidamente de su madriguera.

 

La felicidad de nuestra mascota, que habiendo partido de España con nosotros ... finalmente visita a sus primos lejanos del sur. Pero como un verdadero expedicionario ... se despide de ellos llegado el momento y regresa con nosotros, ahora quiere ver también los hielos de Alaska.