Día a día vamos descubriendo con nuestros propios ojos, sintiendo esa punzante y abrupta brisa glacial en la cara, los fenómenos geológicos que los confines de la tierra tiene en este desolado territorio. Unas veces desde el propio Terra Australis, otras nos acercamos en lanchas y muchas otras las palpamos con nuestras manos mientras caminamos tierra adentro en cualquiera de los numerosos desembarcos. Observamos a nuestro alrededor los rigores de la naturaleza y nos resulta difícil pensar que la vida animal o humana sea capaz de encontrar un hálito de esperanza para iniciar su existencia. En la foto el glaciar Brookes en la bahía del mismo nombre.