Pero la vida no sólo se da en las grandes masas de tierra, pequeños islotes como los Tucker albergan grandes sensaciones. Debido a sus diminutas dimensiones no se puede caminar por ninguno de ellos, cualquier descuido o torpeza podría causar daños irreparables debido a la alta densidad de fauna que posee. Es por lo demás totalmente innecesario, desde las propias lanchas veremos cara a cara a los entrañables pingüinos de Magallanes, tiernas criaturas que nos miran con curiosidad y luego siguen con sus actividades totalmente indiferentes a nuestra presencia. Da gusto llegar a los lugares donde la silueta humana no despierta miedo en la fauna que lo divisa.

 

Seguimos rodeando el mayor de los islotes Tucker, los verticales acantilados albergan una copiosa colonia de cormoranes, cuya silueta en tierra puede ser confundida por su forma y colores con pingüinos. También encontramos chimangos, gaviotas australes y hasta los temidos skúas, gaviotas de rapiña que cazan en pareja y con gran violencia los polluelos y huevos de sus congéneres, ni las crías de pingüino están a salvo.