Es grandioso ver el glaciar Marinelli, uno de los inquilinos más insignes de los Campos de Hielo de la Cordillera de Darwin. Y es que se ha puesto de punta en blanco, nunca mejor dicho. El espléndido sol que hoy nos acompaña le arranca al privilegiado entorno unos colores y tonos envidiables, no llegarán a quince los días como éste a lo largo de todo el año en estas latitudes. Somos unos fervientes adeptos de los resplandecientes cielos azules y los hados han queridos aliarse para deleitarnos con una de esas jornadas con un cielo envidiable.

 

Glaciar Marinelli.

 

Proseguimos la exploración tierra adentro, bordeando marismas (a veces con mal pie y hundiéndome hasta el tobillo por quedarme rezagado), sorteando riachuelos y moviéndonos entre lengas, coigues y ñirres.

 

Al final del camino ... el hogar de unos húmedos habitantes que no asoman el hocico pero cuyos poderosos dientes dejan su huella en todos los troncos de los árboles caídos. En la laguna divisamos decenas de refugios de castores y las tremendas esclusas que son capaces de levantar.