Unos tan poco y otros tanto, la foto doble anterior y ésta lo dicen todo. Nuestra curtida montura bregando con el océano en un oscuro nicho y nosotros acomodados en la "Rosa de Chelsea", el gigantesco Boeing 747-400 de la British Airways que nos acoge para este salto de continente. Un tripulante nos indica que nuestros sitios están ubicados en la planta superior, la British Airways ha vuelto a tener la deferencia de instalarnos en su particular mansión de confort: la clase Club World. Tras meses de acampadas nos vemos rodeados de confort, atenciones y lujo. Marián cambia sus mapas de copiloto por publicaciones de entretenimiento y cuando yo enciendo la pantalla delante de mis ojos no es para trabajar sino para deleitarme con las películas emitidas durante los refinados servicios gastronómicos. Los dos disfrutamos cada minuto que pasa, para nosotros representa un particular Palacio de las Mil y Una Noches.
Se inicia la carrera de despegue. Australia pasa por ella a una velocidad vertiginosa hasta que una inclinación apunta esta flecha de acero hacia el firmamento y la tierra desaparece. Hasta la vista querida Australia, nos volveremos a ver linda Tasmania. No cambiéis nunca amigas
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