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Cuando llegamos a la costa norte el viento había empujado la borrasca hacia el interior y ya nos permite disfrutar de una radiante jornada. El mar vuelve a ser azul, el cielo retoma sus tonos celestes, la hierba resplandece con su brillante esmeralda. Desde el centenario faro de la Table Cape, en Wynyard, disfrutamos de la fiesta de color con la que nos emborrachábamos gracias a un inmenso campo de tulipanes que la tierra ha tenido el gusto de parir con la esmerada ayuda del hombre. |

La entrañable costa tasmana.

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En ruta hacia el norte. Cuando desaparece la jungla y los bosques el paisaje se torna en una serie de suaves ondulaciones de reluciente moqueta verde. |