Tomamos contacto con la naturaleza desde el primer momento. Acampamos al borde de un río, en un claro del espeso bosque en el camino que emprendimos hacia Launceston, la capital del norte. La noche fue fría pero el día ha amanecido con ganas de disipar el gélido ambiente nocturno y la neblina que los rayos de sol provoca al evaporar el rocío matutino nos envuelve como un comité de bienvenida. Nos templamos con unas tostadas y un café con leche que nos preparamos al calor de nuestro incombustible infiernillo.

 

En Tasmania la naturaleza es venerada pero también equipada para poder ser disfrutada y que la vivencia acreciente ese amor por las cosas bellas que deben ser mimadas. El sentido cívico de una población madura y respetuosa permite que casi siempre esté todo en excelentes condiciones. Cuánto tenemos que aprender todavía. Las áreas de picnic y descanso son algo único, emplazadas en lugares estratégicos poseen un equipamiento que hay que verlo para creerlo: bancos, mesas, servicios completos e inmaculados, encimeras para cocinar bajo cabañas de protección, barbacoas eléctricas gratuitas, ... Tasmania va todavía más allá de lo ya visto y admirado en el resto de Australia.