
| Un regusto salado me invade el paladar cuando me mojo los labios mientras me muevo por el temido penal de Porth Arthur. El lugar parece una finca de la campiña inglesa pero cuando el gobernador Arthur eligió en 1870 este enclave para encerrar a los presos reincidentes sabía muy bien lo que hacía. Los menos de 100 metros de tierra que unían el istmo con la isla eran perfectos para levantar lo que el consideró una prisión natural. Fuera de esa salida estaba tan solo el mar para los hipotéticos fugados, un mar frío, violento y con peligrosos escualos. |

Penal de Port Arthur.