Cuando nos paramos en algunas de las curvas que nos acercan a Port Arthur es increíble comprobar la furia con la que el mar golpea sin descanso los acantilados del litoral creando un paisaje tan bello como desgarrador. La costa tasmana es la bella y la bestia en un solo cuerpo, tan pronto es atormentada y violenta con sus acantilados como dulce y sensual con sus playas.

 

Costa en Bichino, hermosa ... y ventosa, como bien habrán constatado los observadores. Cuando no hay viento ... el sueño de los bañistas, cuando lo hay ... el sueño de los surfistas.

 

Frente a la furia del mar combatiendo en los acantilados, la dulzura de sus benignas playas.