
Cuando dejamos tras nosotros la gran ciudad y volvemos a reunirnos con la costa, el océano nos vuelve a recordar la fuerza titánica que posee. Avanzando por la Gran Carretera del Océano una curva tras otra nos revela la energía que han dedicado las aguas para penetrar con infatigable paciencia en la tierra, para desgastar con imperturbable estoicismo aquello que parece inamovible.

El "Puente de Londres" es cómo uno de los "apóstoles" en su estado primigenio ... pero cada vez está más cerca de ser un apóstol más. Hace bien poco recibió su primera estocada porque esta gran cornisa está en continua evolución y movimiento. Su estructura como una lanza rocosa penetrando el mar estaba unida a la tierra firme a través de dos enormes arcos horadados por las olas dando el aspecto de un puente de doble arquería. Hace muy poco, en 1.990, se rompió repentinamente su cordón umbilical. Uno de los arcos se precipitó estrepitosamente en el océano separándose definitivamente de la tierra madre ante la vista horrorizada de una pareja que se encontraba en uno de los extremos de la pequeña isla recién nacida. Un helicóptero se encargó de rescatarlos unas horas después.