Melbourne es una gran ciudad pero con un encanto especial. Nos gustó más que la congestionada Sydney y que la insubstancial Canberra. En ella se conjugan pasado y presente como si fuera algo normal. Sus viejos edificios neogóticos y sus catedrales de torres puntiagudas han sido vencidas en altura por los recientes rascacielos modernos pero en absoluto le han vencido en encanto.

 

Melbourne histórico. Catedral de San Pablo con las farolas decoradas con motivos aborígenes.

 

Melbourne clásico. Estación Flinders.

 

Melbourne romántico. Las comercios y pequeñas casas coloniales.

 

Melbourne moderno y sus parques, una ciudad donde la naturaleza, el deporte y los rascacielos conviven en perfecta armonía.