Canberra nació para ser la capital. Queriendo evitar el conflicto que surgiría entre las eternas rivales Melbourne y Sydney si una de ellas era elegida, finalmente Canberra fue la solución. Como Brasilia para Brasil o Islamabad para Pakistán, esta capital "artificial" obedece a una concepción moderna de grandes avenidas y espacios verdes. Frente a tanta modernidad aséptica está el antiguo Parlamento (en la foto). En la acera, las pinturas con motivos aborígenes resaltan con sus vivos colores frente a la fachada blanca del viejo edificio neoclásico y reivindican más justicia para superar los abusos de la colonización