Cuando comenzamos a ascender por las colinas de las Atherton Tableland nos parece increíble que tan sólo unas horas atrás hubiésemos atravesado un terreno tan desolado y severo. El suelo volcánico que pisamos en estos momentos ha permitido que la flora se nutra lo suficiente para invadir la tierra prodigiosamente. El verdor campa por cada rincón de estas montañas y su corazón no se nutre de la sangre de los exploradores sino del agua dulce y pura de sus cascadas, ríos y lagos. Montamos el campamento en el lago Tanaroo rodeado de bosques. Es posible sumergirse en sus aguas con la seguridad de no sentir esa pequeña molestia australiana de unos dientes que te mordisqueen el higadillo. Los cocodrilos parecen que no han podido conquistar sus aguas, un alivio se apodera de nosotros cuando nos zambullimos en ellas.

 

Cascada Ellinja en el corazón de las Atherton Tableland.

 

Brazo norte del lago Tanaroo.