Es casi de noche cuando cruzamos el río Little Bynose y por una pista secundaria nos acercamos a un claro de la foresta de eucaliptos. Hemos llegado al emplazamiento del campamento 119 de la trágica expedición de Burke y Wills. Un árbol proyecta a duras penas su parca sombra cuando el sol prácticamente ha desaparecido. Sus ramas probablemente sean más numerosas, su tronco más grueso y su memoria más mermada pero este mismo árbol cobijó a los incansables aventureros que tan infortunado fin tuvieron. La noche nos atrapa como les atraparía a ellos, hacemos una hoguera, escribimos las anotaciones del día y dormimos arropados por los fantasmas de los desventurados exploradores.